Phoebe Bridgers, construyendo un legado desde cero.




Phoebe Bridgers

Construyendo un legado desde cero

Hoy, 19 de junio de 2020, Phoebe Bridgers publica “Punisher”, el segundo disco de su carrera. El álbum se grabó en los Sound Studios de Van Nuys, Los Angeles, lugar en el que se registraron “After the Gold Rush”“FleetWood Mac” y “Nevermind”. En cierta medida “Punisher” puede tener algo de esos tres discos pese a que sea de una forma primaria y fugitiva: el olor campestre del primero, las melodías del segundo y el espíritu inconformista y naif del tercero.

 




Echo Park es una nutrida barriada del centro de Los Angeles donde Hollywood ya existía antes de Hollywood. Los grandes estudios de la era del cine mudo se asentaron en los alrededores del lago Echo a finales del siglo XIX y vivieron sus primeros años de esplendor en el siglo XX. Charles ChaplinFatty Arbuckle y Harold Lloyd rodaron algunas de sus mejores películas en aquel entorno antes de que en la década de los 20 se mudasen a Hollywood hasta nuestros días. Poco antes de la segunda guerra mundial Echo Park acogía una amplia comunidad comunista. A partir de los 80 y durante casi cuatro largas décadas fue tierra de bandas. Todas las que no vivían en Compton o Inglewood, las grandes barriadas negras de Los Angeles, vivían, actuaban y se coordinaban desde Echo Park. A principios de la pasada década el Ayuntamiento articuló varias medidas que terminaron por alejar la violencia de Echo Park, convirtiéndose en un enclave próspero y de moda entre artistas y bohemios pudientes. 

 

Antes del forzoso armisticio entre las gangs, en Echo Park vivía Elliott Smith, uno de los músicos favoritos de Phoebe Bridgers. Natural de OmahaNebraska, Smith era un corazón dulce que apenas supo hacerse un hueco en la sociedad. Sin embargo, logró grabar un puñado de discos tensados por la emoción y la tristeza. En 2003, en su residencia de Silver Lake, decidió asestarse dos puñaladas en el estómago y acabar con su vida culminando un tour de force en el que de serie venían la hiperactividad y las depresiones a las que pronto se sumaron alcohol y drogas.

 

Punisher, en castellano castigador, es el término peyorativo que se utiliza en el argot musical para describir a los fans que se quedan demasiado tiempo en la mesa del merchandising. Bridgers escribió la canción que da título a su segundo disco en su residencia de Echo Park y en ella se presenta a sí misma como si fuera la castigadora de Ellioth Smith, como fan que persigue la figura del cantautor de Omaha y como conocedora de su música y su carrera. 

 

Este ejercicio de Bridgers no es más que un mecanismo para hablar de la realidad desde fuera de la misma. La californiana ha afirmado a la prensa que si tuviese que enfrentarse a la realidad como algo real, terminaría por consumirse. Por eso prefiere pensar en sí misma como si fuera la protagonista de una película. 





 

“Punisher” fue creado para un mundo que, tras el covid-19, ya no existe. A simple vista, en las primeras escuchas, no parecerá excesivamente diferente a su predecesor, “Stranger in Alps”. Tiene un single que se sale de la melancolía y la oscuridad dominantes en la música de Bridgers pero, por otra parte, vuelve a tener ese tono nostálgico y arrebatador de su debut. Como novedad, cuenta con un final explosivo titulado “I know the end”. La principal diferencia puede venir de la literatura.

 

Escribir las letras de “Punisher” le llevo a Bridgers más de un año. De hecho, afirma haber retorcido las mismas más de un millón de veces para intentar escapar incluso de coincidencias fonéticas hasta el punto de llegar a desechar frases porque pensaba que ya había grabado algo que sonaba prácticamente igual en el pasado. 


“Kyoto”, el segundo single de “Punisher” fue inicialmente compuesto como una balada, sin embargo, la artista estaba tan cansada de grabar canciones lentas que terminó por convertir la canción en un single de pop con gancho y cierta potencia. 

 

El videoclip de “Kyoto” llegó en pleno confinamiento. La idea original era rodarlo en Japón pero llegó la pandemia y todos los planes dieron al traste. Como alternativa, Bridgers, siempre dispuesta a reírse de sí misma y de lo que haga falta, accedió a rodar con una idea muy simple bajo el único amparo de un croma. “Kyoto” es el único single distendido posible que podía salir de “Punisher” y, en cierta medida, es una especie de repetición de la jugada que llevó a “Motion Sickness” a ser el primer y más exitoso sencillo de su debut. 

 


Carrera publicitaria.

Phoebe Bridgers nació en Los Angeles un 17 de agosto de 1994, un día en el que probablemente yo estaba escuchando “Jar of Flies”“Under the Pink”“The Downward Spiral”“Superunknown” o “Far Beyond Driven”. Cuando tenía 25 se mudó a Pasadena donde perpetró su primera revolución: se negó a aprender a tocar el piano y eligió la guitarra. Esto la llevó a militar en Sloppy Jane cuando tenía quince años. Aquel grupo de punk formado por mujeres y con cierta querencia por el art rock le sirvió para asentar las bases de su carrera en solitario.

 

Hacia 2013 un cazatalentos la reclutó tras verla en un concierto de Sloppy Jane para que participase en anuncios publicitarios de Taco Bell y Apple. De hecho, en 2014, participó en un spot de Iphone en el que interpretaba “Gigantic”, de Pixies. Posteriormente también participó en otro comercial de Apple IWatch. Estos trabajos le aportaron la base económica y el tiempo sobre los que se asentaron “Stranger In Alps”

 

El título de su debut, “Stranger In Alps”, nace de Big Lebowski, donde The Dude, decía algo así como fuck strangers in the ass. Lo cierto es que el álbum que inició la carrera en solitario de Bridgers fue recibido con los brazos por la industria, la crítica y artistas de renombre. John Mayer dijo nada más escuchar “Funeral”, una de las composiciones que guarda “Stranger in Alps”, que estábamos ante la llegada de un gigante. “Funeral” tenía como tema una sobredosis mortal. A raíz de la facilidad que Bridgers tiene para escribir canciones tristes pero tremendamente bellas, Matt Berninger, líder de the National, banda con la que Bridgers debería haber girado por el planeta durante este verano, alabó su capacidad para escribir tan bien sobre temas como el aburrimiento o la tristeza hasta el punto de convertirlas en cuestiones excitantes y bellas. 

 

Además de sus discos en solitario, Phoebe Bridgers ha publicado álbumes en el seno de formaciones como boygenius y Better Oblivion Community Centerboygenius es un trío compuesto por Lucy Dacus, Julien Baker y la propia Bridgers con una sola referencia, homónima, en el mercado. Un bonito canto a la música americana de raíces. No en vano, su portada es un homenaje al primer disco de Crosby, Stills & Nash





 

Better Oblivion Community Center, por su parte, es un dúo en el que Conor Oberst, aka Bright Eyes, es el acompañante de Bridgers. Fue uno de los mejores discos publicados en 2019 y un excelente ejemplo de la profundidad que puede alcanzar la música de Phoebe Bridgers cuando lo que intenta es componer sencillos radiables. El concepto de castigadora o punisher vuelve a aparecer en la lejanía. Oberst es de Lauren Canyon, lugar donde creció Bridgers mientras escuchaba la música del propio Oberst. Un buen día, el cantante acabó en un concierto de su seguidora y reconoció que cuando comenzó a cantar sintió haberse reunido con una vieja amiga. 


 

Enfermedad del movimiento

Existe un EP anterior a “Stranger in Alps”. “Killer” fue publicado por Pax Americana Record Company, la discográfica de Ryan Adams. Ambos mantuvieron una relación cuando ella tenía unos veinte y él unos cuarenta que terminó afeándose por culpa de la supuesta personalidad controladora del genio de Carolina del Norte. Bridgers pensó en un principio que aquello era algo normal en una vida de persona adulta pero terminó por darse cuenta de que la situación no era normal. Así, en 2019, formó parte del grupo de mujeres que denunció el comportamiento de Adams. Se llego a hablar de mensajes intimidatorios a una fan menor de edad que el de Jacksonville conoció por internet. Desde entonces, Bridgers no ha vuelto a saber nada de Adams pese que sospeche que algunos ataques que recibe a través de las redes sociales tienen que ver con él. A día de hoy no existe nada formal ni legal en contra de Ryan Adams aunque éste está completamente desaparecido. La letra de “Motion Sickness”, su canción más exitosa hasta el momento con casi 36 millones de reproducciones en Spotify, habla sobre su relación con Adams. 





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