viernes, 4 de septiembre de 2015

MANUEL J. GONZALEZ. Fango y raices.




"Solo el que vive la música de manera intensa puede entender lo que representa MRM"




Todavía hay gente que hace cosas porque se las pide el cuerpo. Gente que sigue el latido de su corazón y que vaga por el mundo en busca de sí mismo. Es el caso de Manuel J. González, periodista musical en POPULAR 1 y amante de la música de raíces norteamericana. Hasta el punto de haberle dedicado una parte de su vida a entrevistar y analizar las carreras de un grupo de artistas con un sentimiento común: volver a las raíces y recuperar una forma más pura de vivir la música. "Muddy Roots Music" es el producto del trabajo de González. Un repaso a una escena, la de las "raíces fangosas", realizada desde el respeto y el mimo. Coincidiendo con la celebración del Muddy Roots Festival en Cookeville, TN, charlamos con Manuel J. González sobre su libro, la prensa musical, la escena Muddy Roots y muchas otras cuestiones de interés.




"Muddy Roots Music"
Manuel J. González.

La firma de Manuel J. González empezó a ser conocida hace unos años dentro de las páginas de POPULAR 1. Sentía una especial inclinación por la música oscura, rudimentaria y atávica enraizada en la tradición estadounidense. Country bastardo procedente del averno pero también metal de ultratumba. Su experiencia en la prensa musical le sirvió para marcarse un objetivo: publicar un libro que explicase la escena y el sentimiento de Muddy Roots, un sello discográfico y una comunidad musical amante de la libertad y de la pureza en las formas musicales. 

El resultado se titula "Muddy Roots Music" y en él se recogen de una forma esquemática y concienzuda una veintena de entrevistas, biografías y discografías seleccionadas de otros tantos artistas. Bueno, en realidad, son 19 artistas más su principal ideólogo, Jason Galaz, creador del sello Muddy Roots Music y del Festival que se celebra este mismo fin de semana en Cookeville, TN. 

La estructura es esquemática y concienzuda porque se repite a lo largo de todos y cada uno de los capítulos que conforman la obra: una biografía en la que se dan algunas pinceladas a la personalidad del artista, una extensa entrevista en la que se tratan todo tipo de temas además del musical y artístico, además de una discografía seleccionada y comentada por el propio Manuel J. González.

Cada línea, cada palabra, está escrita con sangre de las venas del propio González. Con intensidad y sobre todo, con mucho empeño e ilusión. Las biografías sirven para hacerse una idea de por qué los personajes que aborda son lo que son hoy en día. A menudo se centran en la infancia y adolescencia de los artistas retratados, en su relación con su progenitores, con la escuela, la iglesia, sus primeras formaciones musicales...

Las entrevistas están planteadas de una forma un tanto caótica. Se intercalan preguntas de temas diferentes y no se sigue un hilo conductor. No obstante, González se esfuerza a fondo en busca de respuestas a sus preguntas. Y no se esconde. Son notorias las ocasiones en las que el entrevistado no secunda la tesis lanzada por el entrevistador. Pero González no las obvia. Podía hacerlo, podía hacer parecer que su entrevista es fluida y que sus tesis son aceptadas y acertadas y sin embargo, escoge la senda de la sinceridad y deja las entrevistas como salen. Sinceras. Suponiendo un reflejo de lo que retrata, un puñado de artistas que simplemente hacen lo que hacen porque así lo sienten, sin la necesidad de esgrimir discursos sobre la sinceridad y la honestidad. Porque ser honesto y sincero no conlleva estar repitiendo que se es cada cinco minutos. 

González realiza un trabajo titánico y acerca una escena, un sello discográfico y un grupo de artistas que difícilmente iban a llegar a este lado del charco con tanto detalle. Lo describe todo en profundidad y mima al detalle cada capítulo de cada artista. Incluso incluye en la terna un artista suizo y otro vasco. Es probable que las tesis que esgrime el autor de forma más o menos velada no sean exactamente compartidas por los protagonistas pero también es cierto que los artistas tienen lazos y relación suficiente para que se intuya que la escena tiene vida propia. 

El valor de este primer libro de Manuel J. González tiene un valor incalculable en cuanto describe un mundo totalmente ajeno al nuestro. Por mucho que sintamos el rock y vivamos alrededor suyo difícilmente podíamos imaginarnos que algo como Muddy Rock Music existía tal y como es. La posibilidad de leerlo en castellano, de entenderlo y, en cierto modo, de vivirlo, es algo que habrá que agradecerle a González para siempre.



¿De dónde sale Manuel J. González? ¿Cuál es su historia? M.J.G. surge en la pequeña Menorca. Sus padres compran un precioso chalet a finales de los setenta al lado de la playa y su vida comienza a tener relación con el exterior desde muy joven. Turistas alemanes e ingleses le confirman que el mundo en el que vive no es el único, que hay vida más allá de aquella pequeña isla, y que además es un millón de veces más excitante que la que pueda haber vivido. Otros nuevos amigos, de diferentes nacionalidades, van trayendo a la isla casetes de la más diversa música, por lo que Green Jelly, P.J. Harvey o Sepultura entran en su vida de sopetón, casi sin pedir permiso. La música se convierte en el eje de su vida, y ésta, junto al sexo femenino, conforman la poesía existencial que siempre lo ha acompañado. En 1998 lo contratan para un puesto de trabajo en México y su vida cambia para siempre. Comienzan los viajes a EEUU, las incursiones en una cultura que ha fascinado a M.J.G. desde siempre.
¿Te consideras un alma errante? 
Totalmente. Nunca he entendido al resto de almas, y aunque me considero afortunado con respecto a familia y a amigos, siento que siempre he viajado solo. Gran parte de mis anhelados viajes por algunos de los países que más me fascinan, los he realizado solo, ya que el conformismo pragmático existencial de los que me han rodeado, me ha alejado de posibles experiencias conjuntas. Siempre supe que acabaría solo, y creo que sigo viajando solo. De hecho, mi primer libro de poesía, llamado ‘Soledad en la Carretera’, trata profunda y trágicamente el tema.

Tu relación con EEUU huele a gasolina quemada, a lengua de asfalto y a arena del desierto en los ojos. 
Mi relación con EEUU huele a todo lo que dices, que no deja de ser otra cosa que la búsqueda de mi propia soledad. Solo en el desierto de California uno es capaz de sentirse único, especial. Imagino que es la búsqueda de la propia originalidad. Siempre he detestado los estereotipos, buscando la personalidad en cada hecho vital. Odio la vulgaridad, lo evidente, aunque entiendo que es complicado huir de toda esa mediocridad, pues somos parte de ella. Imagino que todos mis viajes a EEUU han sido como conversaciones con su bella y alejada naturaleza.
¿La orografía y la naturaleza de Norteamérica es el resorte que activa la música tradicional americana? 
La orografía, la naturaleza y todo lo que ambas condicionan al ser humano. El salvaje e impactante paisaje norteamericano devora sin pestañear al débil y temeroso ser humano, que lucha fuertemente por hacerse un lugar en un territorio tan hostil y amenazante. La música fue el refugio de todas aquellas almas que trabajaron duramente para que sus tradicionales valores comenzaran a tener sentido. Dudo que sin toda esa primigenia inspiración, la historia de su música hubiera sido igual. Pero lo más importante es que la misma nació del dolor, del sufrimiento y angustia vivida durante aquellas lejanas décadas del siglo XIX. 








Fango y raíces
tu primer libro se titula MUDDY ROOTS MUSIC. ¿Es un sello discográfico? ¿Una escena? ¿Una filosofía vital? ¿Todo junto? 
Muddy Roots Music es una marca que engloba un sello discográfico, un festival, y diferentes celebraciones y eventos siempre relacionados con la música. Aunque por otro lado, es un estilo de vida, una manera de pensar, una forma de sentir, una vuelta a los orígenes, aunque con una receta que revitaliza los más clásicos sonidos. Muddy Roots Music no inventa nada, tan solo lucha porque lo auténtico permanezca vigente, aunque sin perder la perspectiva. No se subyuga al purismo, sino que coge de aquí y de allá, creando desde la más pura sinceridad artística.
¿Puede un neófito entender la esencia del espíritu de los músicos que se engloban en MRM? 
Por supuesto, siempre que su alma sea melómana. Pudiera sonar clasista, pero tan solo el que vive la música de manera intensa, puede llegar a entender lo que Muddy Roots Music representa. Es como probar el mejor pastel de chocolate del mundo sin que te guste realmente el chocolate.
¿Lo mejor que puede hacer la música de raíces es volver a las raíces? ¿Es lo que buscan los músicos de MRM? 
Considero que la música se ha ido alejando progresivamente de su sonido original, del sonido de esos instrumentos que te hablaban sin apenas amplificación. James Hunnicutt lo explica perfectamente en su entrevista dentro del libro: ‘la grandeza de la música es alejarse de la grandilocuencia, de la pomposidad escénica del rock and roll’. O Drew Landry, amigo de Konrad Wert (otro de los protagonistas del libro): ‘Townes van Zandt es incluso más duro que Slayer o cualquier otra banda de metal extremo’.
¿Cómo has elegido a los protagonistas de su libro? ¿Son todos los que están? ¿Ha sido duro el proceso de selección? 
La selección fue bastante sencilla, pues exceptuando a Joey Allcorn (que ha dejado la música), había podido conversar personalmente con la mayoría de músicos, los había entrevistado para Popular 1 o directamente había disfrutado de su música en los escenarios. Lógicamente, no están todos los que son, ya que músicos como Joe Buck o Lonesome Wyatt quedaron fuera por motivos que no vienen al caso. Por otro lado, la selección está motivada directamente por el fanatismo que siento por todos estos artistas. Y con ello quiero decir que podría haber incluido a otros artistas, que como Calamity Cubes o Dylan Walshe justifican la esencia Muddy Roots, pero que por el motivo que sea no acaban de llegarme. Me siento muy satisfecho con la participación de los músicos, que se han involucrado cómo nunca hubiera imaginado.




Estructura dinámica
La estructura de su libro es la siguiente: escoges un artista o una banda, la introduces con una biografía, sigues con una entrevista y rematas con una selección de discos. ¿Por qué esa estructura? 
Me parece dinámica, y en el fondo es bastante parecido a lo que he venido haciendo con Popular 1. La escena Muddy Roots tiene tan solo cinco años, y hubiera sido muy complicado presentar el libro de otra manera. Muchos de los músicos que participan en el libro me han abierto sus corazones, y creo que este hecho es mucho más importante que cualquier otro detalle del libro. Además, el libro se puede leer de manera aleatoria, algo que creo que aquellos que no disponen de demasiado tiempo para leer, acaban por agradecer. Creo que el haber incluido la parte de las discografías ha sido un total acierto, pues ya han sido bastantes los que sin saber nada de los artistas que aparecen en el libro, han puesto Spotify mientras devoraban capítulo tras capítulo.
¿Es la entrevista un espacio en el que te sientes especialmente cómodo? 
Sí, aunque detesto las llamadas telefónicas. Prefiero los mails, o el cara a cara, siempre que sea posible, claro está. Tener a la persona delante desmitifica cualquier preconcepto. Son dos personas hablando de la vida, o de lo que sea. Lógicamente, nunca me he considerado un profesional, por lo que mis cuestionarios no dejan de ser meros ejercicios de curiosidad. Muchas veces, agradezco acabar hablando de cualquier otra cosa que no sea música. Todos sabemos la música que nos gusta. Lo más complicado es llegar a conocer como los artistas pueden llegar a ella, a crear algo tan inmortal.
¿Entrevistas por internet o tienes la suerte de hacerlas cara a cara? 
Vivo en Mallorca, por lo que te podrás imaginar que el cara a cara es una rara excepción. Eso sí, cuando viajo para asistir a conciertos o festivales, intento en la media de lo posible acercarme a los músicos, aunque sin un perfil stalker. Me gusta respetar esa distancia. En el caso de los artistas de Muddy Roots Music, todo es mucho más sencillo, pues no existe dicha distancia entre músico y admirador.
¿Cuál crees que es la mayor virtud de una buena entrevista? 
Ofrecer dinamismo, entretenimiento, conseguir que el artista no se sienta invadido, sino que llegue a un estado en el que contestar cualesquiera que sean las preguntas, se convierta en algo abrumadoramente natural. Me parece tremendamente aburrido hablar de cómo se compone una canción, de los detalles técnicos de un estudio, etc. Como he dicho, me gustan las personas y lo que son capaces de crear, y cómo son capaces de hacerlo desde sus propios interiores.
¿Cómo encaja el entrevistador que el entrevistado ofrezca una respuesta que confronte con la tesis del entrevistador? Perfectamente. Me encanta sentir que mis ideas y pensamientos pueden desmoronarse por momentos, como esos castillos de naipes que desaparecen en una milésima de segundo.
¿Defiendes una tesis o una idea primigenia en este libro?
No. Alguien tenía que hablar sobre esta maravillosa familia de músicos. En todo caso, si existiera una tesis, ésta sería algo así como la aniquilación del Rock como lo conocemos.
A lo largo del texto se reparten un tipo de declaraciones que no terminan de quedar claras. Por ejemplo, cuando Jayke Orvis dice “He vivido al límite durante mucho tiempo”, ¿Qué quiere decir? 
La mayoría de los músicos del libro han vivido rodeados de los más diferentes demonios. En algunos casos ha sido la religión, en otros el alcohol, o el rechazo social. Orvis, en concreto, ha forzado la máquina hasta el punto de poner en riesgo su integridad física. Imagino que parte de esa culpa la tiene Pittsburgh. Si lees la historia de Orvis te das cuenta de que podría ser un milagro que siga con vida.
¿Todos los entrevistados tienen algo en común? ¿Ese vivir al límite, quizá? 
Creo que los entrevistados son ciertamente diferentes, aunque si tuviera que pensar en algo que los une, aunque fuera al 90% de ellos, es su amor sincero por la música como sustento vital, como única posibilidad para la supervivencia del alma. 

¿De qué entrevista te sientes más orgulloso? 
Difícil pregunta. Creo que por contenido y por forma me quedaría con la de Dad Horse Experience, aunque me siento muy complacido por haber podido incluir finalmente al mejor bluesman de nuestro siglo: Scott H. Biram. 






A este lado del charco
Esencialmente entrevista a artistas estadounidenses pero también existe un hueco para artistas como Reverend Beat Man o Dead Bronco. ¿El espíritu puede saltar el charco? 
Ya lo ha hecho, y la respuesta es Muddy Roots Europe en su versión belga, que cuenta ya con 4 ediciones celebradas. Por otro lado, tenemos en mente que España cuente con su propio festival de raíces, aunque sabemos lo complicado que puede resultar darle el sentido que se merece.
Para un medio con sentimiento de escena como el nuestro resulta especialmente interesante la presencia de Dead Bronco. ¿Cómo te fijaste en ellos y cómo encajan en este libro? 
La primera vez que supe de Dead Bronco fue gracias a Ainhoa Sanz, que hacía de ‘manager’ de la banda. Me envió el vinilo, y caí rendido frente a ese sonido que bebía de Wayne ‘The Train’ Hancock. La voz de Matt Horan era perfecta, la música orgánica, muy natural. Parecía ciertamente inverosímil. Por otro lado, incluir a bandas estatales servía como reclamo para una propuesta muy arriesgada. Ahora que he superado el centenar de copias vendidas, me doy cuenta de que ellos han sido primordiales para el ‘éxito’ de esta obra.
Incluso has hecho una presentación del libro en Getxo de la mano de Dead Bronco. 
Jokin Totorika, ex lap steel guitar y actual ‘manager’ de la banda, se portó como ese anfitrión que todos desearían. Me brindó todas las facilidades posibles para que mi libro fuera presentado en sociedad en el mejor de los ambientes. Es más, fue toda una sorpresa contar con incipientes bandas de raíces, además de los ya consolidados Dead Bronco, que ofrecieron una doble actuación espectacular (acústica y enchufada).
En tus textos, a menudo, haces referencia a bandas que no entrarían dentro del espíritu de MRM. Bandas de metal, de rock…. ¿Hay vida más allá del outlaw country? 
Outlaw Country es una mala etiqueta (imagino que como todas), pues esencialmente pertenece a una época en la que ciertos músicos se negaban a aceptar las directrices de la industria musical. Actualmente, dicha industria, muy relacionada con el malogrado (creativamente) Nashville, se ha salido con la suya, provocando que cualquier propuesta, sea o no country, se pueda considerar ‘outlaw’. Los tiempos han cambiado. Aunque contestando a tu pregunta, el metal y el rock son parte esencial de MRM, pues si algo caracteriza a Orvis, Hunnicutt o Wayne, es que hace poco más de diez años su música de cabecera eran Metallica, Black Flag, Venom, Misfits, Slayer, etc. Por ello, MRM huele tanto a clasicismo como a vanguardia, es mezcla, sin fronteras, sin otro límite que el que pueda establecer el propio artista. El sonido country no es más que una pequeña parte de todo este MUNDO. Basta con escuchar a Reverend Beat – Man.





Periodismo musical
Vienes del periodismo musical. ¿Cómo sientes el medio? ¿Ves futuro para la prensa especializada escrita? 
Bueno, mi percepción puede estar bastante sesgada por el hecho de que apenas leo prensa musical, ya que en general la mayoría de revistas que suelo leer (muy de vez en cuando) no suelen captar realmente mi atención. Con esto no quiero decir que Uncut, This is Rock, Ruta 66, etc, no tengan nada que ofrecer, sino que simplemente no conecto con su enfoque, selección de escenas musicales, etc. En todo caso, yo creo que la revista ‘física’ no morirá, al menos a corto plazo. Creo que somos muchos los que seguimos prefiriendo el papel. Imagino que es acto nostálgico, con alta carga de romanticismo, pero es lo que hay. No creo que sea algo que pueda cambiar. La sensación de pasar las páginas de un libro o una revista es algo realmente indescriptible. 

¿Qué peso tiene la prensa en el rock n roll? ¿Podría subsistir el rock n’ roll sin textos, entrevistas o críticas? 
Considero que el rock and roll necesita de esos textos, de esas vivencias plasmadas en papel, de esas críticas de discos vomitadas desde dentro. Los melómanos necesitamos reafirmarnos, es una manera de constatar que hemos entendido de qué va todo esto. Creo que nos creemos mini dioses con el poder de opinar, cuando en el fondo no somos más que fans de la música. Eso nadie lo puede poner en duda. La música es el eje de nuestros pensamientos, de toda nuestra existencia.
¿Tienes algún otro proyecto largo entre manos? ¿Algo que puedas adelantarnos? 
Tengo una novela corta, decenas de relatos breves y poemas como para editar dos o tres libros más, pero no siento que todo ello pueda interesar a nadie, por lo que dudo que lo edite. Tengo además un proyecto largo en mente, aunque estoy barajando dos posibles enfoques, por lo que de momento no puedo anticipar nada. Bueno, sí, que está relacionado con la música, y que como en el caso de Muddy Roots Music, no existen obras previas relacionadas con dicho tema.


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