Ryan Adams vuelve de entre los muertos con Star Sign

 


Hace diez años que Ryan Adams vive perdido en una nebulosa sonora repleta de eco, naftalina y ensoñación nocturna directamente emparentada con la FM multi ventas de los ochenta. Hace cuatro años que Ryan Adams vive perdido en un limbo más que merecido derivado del que probablemente ha sido el mayor de sus problemas: su personalidad díscola o, lo que es lo mismo, su misteriosa capacidad para nunca ceder en su empeño de ser tremendamente gilipollas.

Es cierto que esa personalidad errática que a finales de la década pasada lo llevó a ser señalado por numerosas mujeres como un extorsionador emocional, también lo llevó a escribir algunas de las mejores canciones de este siglo. Porque si además de ser díscolo, gilipollas y errático, Adams es algo, ese algo es prolífico. A veces, incluso, desmedidamente prolífico.

Desconocido

Entre 1996 y 2001 graba tres discos con su banda iniciática, Whiskeytown. Especialmente Strangers Almanac (1997) resulta una de las obras maestras de aquello que se llamó americana. De hecho, es un álbum tan sobresaliente y espectacular como desconocido por el gran, o el no tan grande, público. Para 2001, año en el que Whiskeytown cierra su carrera con Pneumonia, Adams es un secreto a voces y un genio en ciernes. Tanto que ya en 2000 había puesto su debut, Heartbreaker, en el mercado. Gold (2001) lo convirtió en una estrella y él se encargó de estrellarse casi inmediatamente. Entre 2002 y 2003 publica tres discos: Demolition (descartes de sus dos primeros discos), Rock N Roll (un intento por acercarse a partes iguales al heartland rock de Springsteen o al rock con regusto indie de The Strokes) y Love Is Hell (preciosa colección de EPs donde se mostraba oscuro y épico).

En 2005 da un giro a su carrera, se rodea de su banda de acompañamiento, The Cardinals, y publica tres discos. El primero de ellos, Cold Roses, es el probablemente el mejor de carrera. El segundo, Jacksonville City Nights, puede ser entendido como una perfecta continuación del primero. 29, sin embargo, muestra cansancio y pese a que fue lanzado como un disco podría pasar como una nueva colección de descartes. Viviendo de este cautivador periodo creativo, Adams publica Easy Tiger (2007), Follow The Lights (2007) y Cardinology (2008). Buenas obras que cierra un ciclo por partida doble: Adams rompe con Lost Highway, su discográfica de siempre, para crear PAX AM Records, su propio tenderete. Además, salvo en excepciones puntuales, The Cardinals quedan apartados para siempre. 







Tras diferentes bandazos y publicación de materiales extra, en 2014 ve la luz su álbum homónimo. Y lo que hace diez años supuso un soplo de aire fresco, un sonido de brillo apagado deudor de la frecuencia modulada de los ochenta se acabó convirtiendo en un sueño desagradablemente largo. La concatenación de desgracias lo puso, merecidamente, en el ojo del huracán.

Pasó tres años fuera de circulación antes de retomar su carrera en 2020. Creativamente desequilibrado pero empeñado en poner en circulación una cantidad ingente de material sonoro, Adams ha publicado una quincena de discos durante los últimos cuatro años. Probablemente, de esas más de 200 canciones se podría haber hecho una excelente selección de temas que dieran forma a algo así como un disco por año. Pero es de suponer que Adams no tiene dinero ni músculo ni apoyo en la industria como para rodearse de profesionales que le paren los pies y le pongan en dirección a un puerto concreto.

Dentro de esa marabunta creativa, Ryan Adams estrenó 2024 con cuatro discos de estudio y uno en directo. Una vez más el exceso desmedido era protagonista. Pero, sin embargo, uno de esos cinco ejercicios, Star Sign, parece su paso más firme en una década.

En Star Sign Ryan Adams abre la ventana del cuarto para dejar entrar algo de aire fresco y desatascar un ambiente viciado y un sonido que ya acumulaba polvo e incluso mal olor. Está lejos de ser un trabajo a la altura de la leyenda. Pero hay un puñado de temas en el que Adams recupera el pulso. A veces lo hace engañándonos pero a estas alturas no cabe ponerse exquisito.

Self Defense abre el disco con Adams retomándolo donde siempre desde hace diez años. No es un mal tema pero tampoco despunta entre las decenas de composiciones de un talante similar. So Lost, sin embargo, sí que cambia algo la película. Con la dosis justa de nostalgia y dolor en el ambiente, sirve para retrotraernos a tiempos mejores. Quizá no a los mejores, pero sí lo suficientemente buenos para querer quedarse unas cuantas canciones más. Darkness es menos de lo que necesitamos y también demasiado largo. Sin embargo, Shinin’ Through the Dark es toda la esperanza que necesitábamos para sentirnos vivos. Una composición que nos lleva volando a los mejores momentos de la carrera de Adams. Un lugar del que no debió salir más que puntualmente. Aquí cabe aclarar que Shinin’ Through the Dark no es un tema nuevo aunque Adams ha decidido vendérnoslo como si lo fuera. Sin emargo, es tan rematadamente nuevo que es preferible dejarse llevar y disfrutar sin hacerse demasiadas preguntas. 

 

 



Be Wrong nos devuelve a otro lugar del pasado en el que los Cardinals, con o sin el malogrado Neal Casal, regulaban el termostato del enfant terrible de Carolina del Norte. Con Tomorrow Never Comes no solo no despertamos del sueño si no que seguimos disfrutando. Esa armónica del arranque que te parte el corazón en dos, esa forma de desembocar en el precioso estribillo y la ligereza a la hora de volver a la armónica es oro puro. Algo que era el pan de cada día en la carrera de este monstruo hace casi veinte años. Bueno es que volvamos a ese escenario aunque sea por tiempo limitado. Speeding Car se empeña en mantenernos suspendidos en el aire respirando ese olor dulzón y atmosférico del hielo seco.

La tripleta que despide Star Sign comienza precisamente con Star Sign, con una armónica y un eco nocturno en el que Adams usa los mismos trucos de los últimos diez años presentados con una determinación más ambiciosa. I Lost my Place es una bonita y rutilante balada de piano con regusto a callejón perdido, luz tenue, derrota y pérdida en la que Adams habla del pasado, de un tiempo del que le es posible recordar su voz pero que le resulta imposible reconocer su cara... Stay Alive nos devuelve de golpe al telón, al final de la función, a una pieza de heartland rock tan épica como comedida. El broche perfecto para un disco de tan solo diez canciones en el que el genio perdido en el limbo demuestra que puede guardar el equilibrio y salir victorioso.

Star Sign es un disco digno dentro de una carrera tan vasta y repleta de clásicos como la de Adams. Eso ya es más de lo que muchos artistas conseguirán a lo largo de sus carreras. Es el mejor disco de la nueva era en la que PAX AM recauda el dinero antes de publicar los discos y es probablemente su mejor trabajo desde el disco homónimo de 2014. Un disco menor pero con mucho brillo que enseña por donde debería moverse Adams si quiere volver a hacernos soñar.  




Comentarios

  1. Que buena entrada. Lo primero muchas gracias por escribirla. Da gusto volver a leer sobre Ryan Adams, aunque uno mismo tenga que buscar los textos ya que todavía apenas sale en unos medios que lo tienen condenado al ostracismo (merecidamente? realmente no lo se). En todo caso, poco importa con piezas cono ésta, bastante mas autentica y por encima del articulo musical habitual, incluido ese repaso por su discografía para recordar porque algunos lo tenemos en lugar tan especial.

    Decididamente, ha sido una alegría encontrarse con un disco tan redondo dentro del empacho creativa que nos lleva ofreciendo este último par de años. Tambien concuerdo en que esa alegría no es suficiente para ponerlo a la altura de sus cumbres mas altas. Pero, de alguna manera, vuelve a ilusionar. Y sobre todo, se las ha apañado para volver a llegar en el momento adecuado. Aquí ya hablo de lo personal. Empieza a ser un tanto misteriosa la capacidad de este tipo para sincronizarse con ciertos momentos vitales.

    Hace diez años comencé la aventura de vivir en otro país coincidiendo con la publicacion del homónimo. Aquel fue uno de los discos mas emocionantes que nos ofreció en bastante tiempo... y ya se sabe lo importante que es empezar un viaje con ilusión, aunque sea con aroma retro. Tras su caída a los infiernos, publicó Wednesdays, que en mi caso marcó a fuego las cosas que pierdes por el camino. Quiza porque me afecta de manera especial, para mi este disco si que se acerca a la altura del mejor Adams, aunque creo que podría defenderlo sin recurrir a ello. Por último llega este Star Sign, que a modo de sereno coche escoba, está resultando ser la banda sonora perfecta de mi aventura extranjera que ya toca toca a su fin. Visto desde aquí, el viaje de Adams tampoco parece tan desaprovechado, por muchos trompicones que haya dado.

    El disclaimer de todo esto es que a las personas nos encanta darle sentido a las cosas estableciendo conexiones entre todo lo que nos rodea, generalmente con nosotros en el centro. Dicho de otra forma, se que estos argumentos son probablemente inmaduros, y con toda seguridad nada objetivos. Pero también es verdad que son pocos los discos los que lo consiguen marcar, así que algo tiene que haber. Como mínimo, una consistencia especial para dar en el clavo de un estado mental concreto. Conmigo ha acertado 3 veces. En proporción a la cantidad de lanzamientos es poco… pero por tiempo, y te copio la frase, mas de lo que muchos artistas lograrán en sus carreras.

    En fin, espero disculpes esta intrusión en tu blog. Me cuesta resistirme pues no hay tantos sitios en los que extenderse sobre Adams. Termino con un deseo para este 2024, que ya ha anunciado prolífico: que de tanto en cuanto, siga dejando caer alguna de estas piedras que marcan el camino. Por estadística, al menos, debería.

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    1. Izkander Fernández28 de enero de 2024, 12:06

      Kaixo Vampa,

      Eskerrik asko, una vez más. Creo que ya lo he comentado en alguna ocasión anteriormente. Siempre pensé que iba a tener más comentarios y que iba a recibir más feedback. Al final uno se acostumbra a lo poco que le llega. Supongo que es el precio que hay que pagar por haber elegido este extraño camino. Entiendo perfectamente todo lo que dices. A veces he llegado a pensar que viví tan intensamente la música de Ryan Adams entre 2002 y 2010 que quedé marcado para siempre y que no creo que vuelva a recuperar aquella ilusión nunca más. Lo cierto es que desde que se aleja de la industria para lanzarse al do it yourself, hay algo en sus discos que se me queda cojo. Que no me termina de llenar. Sin embargo, noté un atisbo de recuperación con Wednesday en 2020. Y vuelvo a ver algo en este Star Sign: lugares comunes a los que quiero regresar. Quizá por comodidad. Quizá porque nunca haya superado aquella etapa de los Cardinals. O simplemente, porque sí, porque desde 2020 el nivel es inferior a lo esperado. Sobre si su condena al ostracismo es merecida o no, hasta donde sé, tiene de qué arrepentirse y buenas razones para disculparse. Sinceramente creo que quien ha sufrido las consecuencias de su comportamiento tiene derecho a ejercer la presión que crea conveniente. Yo no tengo claro que vaya a perdonarle alguna vez. Aunque eso tampoco es que sea importante. También creo que me acercaré a sus discos una y otra vez mientras me sea posible pero jamás me hubiese acercado a la persona, o al personaje. Creo que hay suficientes pruebas en su comportamiento y en sus razonamientos como para ser alguien a quien tener en cuarentena. Para mí, mientras siga publicando discos que me emocionen, supongo que le perdonaré que sea un gilipollas. Pero es que ese es un debate eterno. Si tuviéramos que analizar qué tipos de persona son aquellos artistas que más no gustan nos llevaríamos más de un disgusto.

      Sin más, Vampa, muchas gracias por volver a participar. Te recomiendo que leas el artículo sobre el disco de Gorka Urbizu y que, incluso, terminases escuchando el disco. Creo que puedes encontrar muchas reconfortantes en esas canciones.

      Besarkada bat.

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  2. Qué maravilla de texto, Izkan.
    Yo ya no esperaba nada de Ryan a estas alturas y tras tantos lanzamientos -digamos- mediocres. Pero este Star Sign hace que retome la ilusión por recuperar al Ryan que tantos buenos momentos nos entregó en el pasado. Ojalá sirva para que le ayude a centrarse y reconducir una carrera que parece destinada a ir diluyéndose como un azucarillo. Si tuviera que quedarme con un solo tema de estos años sería Be Wrong.

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