viernes, 6 de noviembre de 2015

GOATSNAKE "Black Age Blues" (2015)

CAFE Y WHISKEY.
Riffs monolíticos desde lo más profundo de la ciénaga.
 





GOATSNAKE
Black Age Blues
(2015) 


La música de Goatsnake es como un álbum de fotos costumbrista de una especie de realidad paralela. Si existe un mundo en el que hay una iglesia bajo un cielo negro en la mitad de una pradera, el álbum de fotos puede que haga referencia a la realidad. Más imágenes. Pantanos infestados de cocodrilos y mosquitos. Cobertizos de madera repletos de botellas y tarros de cristal en los que un alcohol de preparación casera y graduación infernal esperan a ser consumidos en la soledad y la desesperación. Porches de madera crujiente en sofocantes tardes de julio. Cielos ennegrecidos por el pecado y la culpa. Amuletos hechos con cabezas de serpientes cascabel. Superstición y miedo. Blues resonando en cementerios somnolientos. Nicotina, cafeína y alcohol.
 
En lo musical Goatsnake conforma una propuesta simplista. Riffs petrificados amparados en la escala pentatónica con un ojo en Black Sabbath, otro en Pentagram y un tercer ojo en algún punto del blues eléctrico facturado en el más allá. Con alguna ráfaga de atrevimiento que suena más o menos actual.
 
"Another River to Cross" abre un disco denso como el engrudo que en ningún momento aguará o suavizará sus intenciones. "Elevated Man" llega a recordar a los Queens Of The Stone Age de la época de "Songs for the Deaf". "Cofee & Whiskey" pasa por ser uno de los mejores temas del disco: blues electrificado y sudoroso un tanto más acelerado de lo normal. "Black Age Blues" se acerca algo más al stoner que al blues rock pesado de los 70. "House of the Moon" vuelve a ralentizar la trama y a embotar los oídos del oyente con una turbia capa de polvo putrefacto. "Jimi's Gone" aporta un poco de roll y épica a la liturgia oscurantista del cuarteto de Los Angeles. En "Graves" vuelven a sacar el serrucho y la botella de bourbon, que ya no sueltan en toda la recta final del álbum. "Grandpa Jones" vuelve a sustentar algo de roll mientras que "A Killing Blues" es el cierre perfecto a una ceremonia de culto al riff monolítico y craso rescatado de entre los muertos.
 
Una propuesta simple. Un discurso manido. Pero igualmente efectivo. No hay que inventar nada cuando eres capaz de rasgar las puertas del infierno con la potencia de tus riffs.   7.6 


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