martes, 6 de diciembre de 2016

THE WALKING DEAD. Reflexiones sobre el capítulo 7x07 (Spoiler).




7x07 Sing me a Song


Avanza implacable la saga caminante en la pantalla de AMC y lo hace en esta séptima temporada más apegada al cómic de donde nació que nunca. Son el cómic y la televisión dos lenguajes diferentes con planteamientos diferentes y resultados diferentes. No solo en lo narrativo. También en el tratamiento que hace cada medio de sus personajes o situaciones. La cuestión es que hasta ahora, el serial televisivo ha logrado retratar con más o menos éxito casi todos los personajes y situaciones que ha llevado a la pantalla. Sin embargo, esta nueva temporada, lo que en el cómic se presenta como verosímil, acaba siendo excesivamente grotesco en televisión.

Eso pese a que inteligentemente la caracterización de Negan varió ostensiblemente de las páginas del cómic al brillo televisivo. Sin embargo, el cariz que han cogido algunos personajes y situaciones parecen querer emular el aura irónico que sobrevuela el cómic pero esta se convierte en algo grotesco que resta credibilidad y que, por momentos, sitúa esta séptima entrega de The Walking Dead en algo cercano a una pesadilla repleta de surrealismo.

De acuerdo, hay que hacer muchas toneladas de concesiones para aceptar el punto de partida de la epopeya zombie y tratar de otorgarle un grado de verosimilitud, pero hay que reconocer que todavía resulta más complicado en esta séptima temporada. Personajes como Jesus, el gobernador de Hilltop o King Ezequiel junto a su tigre, transformaciones como la de Daryl o ambientes como el de el reinado de Negan son elementos que están convirtiendo The Walking Dead en una refriega estrambótica, aceptando que quizá lo fuera un tanto desde sus inicios.



El cura sonado, el monaguillo tuerto y el púlpito metálico.


Lo cierto es que The Walking Dead ha aprovechado para retratar afortunadamente al ser humano a lo largo de decenas de capítulos. Crueldad, fascismo, justificación de la violencia, doble moral, supervivencia, miedo, locura... todo ha quedado retratado con acierto en más de una ocasión. Por eso, no deja de ser contradictorio que algo que un buen día fue convertido en serie de televisión partiendo de un cómic, esté siendo esclavo del papel sin poder encontrar su propia personalidad.


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Puede que todo tenga que ver con ese gigante magnético que se calza la chupa de cuero de Negan. Jeffrey Dean Morgan, que ha pasado por cosas tan interesantes como la versión en celuloide de Watchmen y Magic City, ha conseguido dotar al personaje de Negan de un nivel de crueldad, sarcasmo, humor negro y tensión que ni siquiera roza su versión en cómic. Negan, basado en Henry Rollins según los creadores del cómic, es un personaje similar al televisivo en las páginas del cómic pero es, a su vez, más grotesco, irónico y menos verosímil. Es ahí donde Jeffrey Dean Morgan ha explotado el personaje hasta convertirse en el dueño absoluto de la temporada que vivimos.

Por lo demás, la historia sigue su camino de una forma pausada y siguiendo los pasos marcados por el papel para desesperación de los fans menos pacientes de la serie. Lo cierto es que esta serie nunca ha escondido su fórmula y sus mecanismos tramposos. Todas las temporadas arrancan con fuerza, se calman y vuelven a terminar con fuerza. El problema es que en anteriores temporadas los momentos más pausados eran, en ocasiones, invitaciones a la reflexión con elementos políticos y sociológicos en el centro del debate. Sin embargo, en esta temporada, los capítulos pausados lo son sin doble lectura convirtiéndose el hastío en protagonista.

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