miércoles, 23 de noviembre de 2016

AGNES OBEL "Citizen of Glass" (2016)


OTRA VEZ ENTRE LOS DISCOS DEL AÑO.

La artista danesa lanza un tercer álbum donde ahonda en su particular universo.
 



AGNES OBEL
Citizen of Glass
(2016

Nos encontramos en la confluencia de tres riachuelos que forman un río mayor. Centrémonos en el primero. Cuando te acercas, el fluir de sus aguas entre los verduzcos cantos rodados que se aferran al fondo con ahínco, puedes escuchar un jazz cadencioso, con un piano comedido, tímido por momentos, acompañado por una voz femenina, dulce y susurrante en clave de sueño rem. Sus aguas son de cualquier color pero en vuestra mente siempre ha de ser diferente al de los otros dos afluentes y también diferente al del río resultante.

Es el momento del segundo riachuelo. Otro color y otros sonidos. Ahora es una especie de folk nocturno e inquietante. Puedes sentir el calor del hogar pero hay algo, un eco de incierta procedencia. Una especie de final inesperado al final de la oración pese a que la oración nunca llega a su final y, cuando lo hace, el sobresalto tampoco se hace palpable. Suspense redefinido por un lenguaje musical propio que crea un universo musical particular en forma de gran río alimentado por tres hilos de agua menores pero repletos de personalidad y vida.

El tercero, de un tercer color no excesivamente brillante, despide sonidos de un pop identificable al tacto, como si volvieses una y otra vez a aquella textura de aquella chaqueta de entretiempo que tanto te gustaba, no tanto por su funcionalidad como por las caricias a las que sometía a las yemas de tus dedos.
Ahora, con o sin la necesidad de cerrar los ojos, puedes imaginarte el río principal. El producto de la mezcla. Es ahora cuando aparece en escena Agnes Obel, pianista y cantante danesa que con la escueta compañía de unos pocos arreglos de cuerda se parapeta en un meandro de ese río para empaparse de todo ese precioso ruido orgánico.

Obel publica estos días su tercer disco, “Citizen of Glass”, un trabajo en el que ahonda en su propio universo para desarrollar un lenguaje más maduro aunque no excesivamente apartado de sus anteriores trabajos. Es como si la pianista pasease en círculos a través de un vasto paraje, cuaderno en mano, para ir anotando todas las curiosas cuestiones que le pueden servir para conformar su personalidad. La clave son los círculos como un movimiento que se repite pero que nunca, jamás, es igual. Los senderos cambian, se mueven, los árboles bailan y el viento corre entre la maleza anunciando la caída de la noche.

“Citizen of Glass” es un disco que respeta a sus canciones. Igual que la carrera de Obel respeta a sus discos. Existe Obel por encima de todas las cosas pero existe el pop como canción debajo de todas las capas de oscuridad y acolchado eco. Es este uno de los discos del año escondido bajo una superficie brillante y pulcra. Un disco de Agnes Obel, vuelve a ser uno de los discos del año, mejor dicho. Y ya van tres. 8,2
 
Aitzol VERSALLES








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