domingo, 17 de julio de 2016

¿El peor año de nuestras vidas?





Fue más o menos en verano de 1991. Llegó para quedarse. Con apenas 15 años no era fácil hacerse con mucho material pero algo despertaba dentro de mí y no era sencillo de controlar. A otros les dio por cualquier otra cosa que atrajese a los jóvenes en pleno arranque de los 90: drogas, alcohol, chicas.... pero siempre desprovisto de una coartada intelectual/cultural.

Sin embargo yo me embarqué en el viaje más maravilloso que me podía haber imaginado nunca. Canciones, discos, grupos, nombres de músicos, productores, anécdotas, conciertos, festivales y las sensaciones placenteras que se desprendían de aquella aventura bien valían una vida entera. Porque escuchar música era además una filosofía que te llavaba al alcohol, a las drogas y a las chicas pero por una vía más trabajada en lo intelectual. Tampoco quiero engañar a nadie. Alcohol bebí bastante y lo sigo haciendo, las drogas y yo no nos encontramos en demasiadas ocasiones y el plural de chicas debería acotarse a una única chica.

Pues aquello que arrancó en agosto de 1991 mientras llegaba la publicación de los "Use Your Illusion" y rastreaba las emisoras de FM 14 horas al día en busca de "You Could Be Mine" o "Don't Cry", evolucionó satisfactoriamente y exponencialmente mientras pudo. A partir de 2000, ya con ingresos propios, volvió a sufrir un arreón en cuanto a consumo. Pero básicamente, la forma de disfrutar de la música estaba ya escrita para siempre.

Durante unos 25 años habré escuchado unos cuatro discos de media diarios. Esto quiere decir que había días en los que escuchaba unos doce y otros en los que por cuestiones poco agradables no escuchaba ninguno. Como estudiante aproveché el tiempo todo lo bien que pude. Escuchaba música en mi walkman camino del instituto, primero, y de la universidad, después. También a la vuelta. Y mientras estudiaba. O mientras jugaba. Bebía. Estaba con mis amigos. Escribía mis primeros artículos.

Cuando empecé a trabajar tuve la tremenda suerte de hacerlo escribiendo sobre lo que escuchaba. Así que simplemente, mi vida giraba en torno a escuchar música. Primero en un discman, luego en un reproductor de cedé que reproducía archivos mp3 y luego en un reproductor de mp3 de Creative de 20gb que compré porque los putos Ipods estaban agotados. Y por supuesto, en mi hifi casero marca Kenwood.







El destino quiso que cuando salí de mi primer trabajo unos siete años después para convertirme en una especie de ingeniero de segunda, tuviera una oficina en la que gozaba de bastante libertad y un gerente al que no le importaba demasiado lo que sonaba mientras sonase algo. Así que el tío se tragó cientos de escuchas de discos de Whiskeytown, Decemberists, Guns N' Roses, My Morning Jacket, Wilco, Tori Amos, Arcade Fire, Ratt, Ryan Adams, Berri Txarrak, Band Of Horses, Napalm Death, Black Sabbath, J.Tillman, Bruce Springsteen, The Sword, Neko Case, Coheed And Cambria, Dut, Pixies, Led Zeppelin, Beatles, King Crimson, Su Ta Gar, Emperor, Triana, Elliot Smith, Jayhawks.... Sin rechistar salvo en alguna ocasión con Tori Amos. Lo que casi nos cuesta violencia física.

Tras nueve años diseñando utillajes para fundición a golpe de mp3, primero, y spotify, después, la fuente de aquel negoció pareció secarse y hace un año di con mis huesos en el paro. Aquí es donde hay que escribir que afortunadamente duré poco en el agujero y que casi sin moverme, o sin el casi, encontré un nuevo empleo. En un principio similar al anterior pero en la realidad, muy diferente. Con lo cual habría que matizar ese afortunadamente de una forma contundente y clara. De la misma forma que habría que matizar que cuando tras seis meses me hicieron indefinido, no recuerdo haber sentido demasiada felicidad.

Tras un año en el que he pasado de escuchar unos cuatro discos de media al día a escuchar unos cuatro discos de media a la semana y con suerte, tengo que reconocer que estoy sintiendo el infierno de cerca. Sea lo que cojones sea el puto infierno.

Estoy completamente desconectado de la actualidad por primera vez en 26 años. He intentado seguir comprando discos al mismo ritmo pero es imposible, no tengo tiempo para escucharlos. Los apilo, en ocasiones incluso los abro, pero no puedo escucharlos. He intentado seguir escuchando novedades repasando la prensa musical y las webs de internet que he seguido durante lustros y es imposible, guardo discos en spotify que no puedo escuchar por falta de tiempo. En realidad, tampoco tengo tiempo de leer Mojo, Uncut, Pitchfork, Classic Rock o el Ruta.

Si ya soy un tipo ensimismado con su propia nostalgia, cuando a día de hoy atacó mi colección de discos acabo escuchando cosas que me hacían sentir bien en el pasado. A menudo, discos de los 90 que me ayudaron a aterrizar en el planeta rock, que he sentido como parte de mi historia y que me retrotraen a una época de estudiante en la que el tiempo era un bien que no apreciaba.

Me gustaría decir que sé cómo darle la vuelta a la situación. Que sé cómo volver a tener las riendas de mi vida. Pero no lo sé. Se ha convertido en una montaña rusa en la que dos días pienso que puedo y otros veinte simplemente peleo por llegar a la noche para poder acostarme. Esa pequeña victoria de que pase el día se ha convertido en mi única victoria.

Lo siento bastante por haber dejado colgados a Manuel y a Sergio Eraso! con la última entrega del Fuego cruzado referente al "Use Your Illusion I". Siento no haberlo publicado para la gente que nos viniese leyendo a lo largo de esas semanas. Ni encuentro el momento ni el impulso ni, algo totalmente extraño en mi vida, la ilusión necesaria para hacerlo. Ahí está. Ahí queda.

Jamás se me había pasado por la cabeza una frase como, el peor año de mi vida. Ahora lo hace. Aunque de la misma manera que los 90 empezaron antes de acabar los 80, este peor año viene siéndolo por diferentes razones desde hace dos veranos. Periodo en el que ha habido gente querida y necesaria que nos ha dicho adiós. De ahí la referencia al plural, a nuestras vidas. Porque escribo por mí pero seguro que también por alguien más.

Esto no es exactamente un artículo. Tampoco una columna o un artículo de opinión. Es más bien un desahogo y algo que tenía que escribir. Me levanto, le doy la vuelta al vinilo (Ryan Adams "Ryan Adams" (2014), envío este artículo a la web y me pongo a cocinar. Qué demonios, habrá que seguir peleando. Luchar es lo que siempre nos ha quedado.

1 comentario:

  1. La vida te da y te quita. No te desanimes más de la cuenta, sigue peleando, sigue intentando encontrar otro trabajo en el que estés más cómodo y contento porque seguramente no tardará en aparecer. Y de mientras, aprovecha para escuchar música cuando vas de aquí hacia allá. Hasta Urduliz te da tiempo a escuchar el último de Alberta Cross, o el de los Thermals, te va mejor en este momento. Deja a un lado el Carolina, o al menos no lo busques en los momentos de mayor desilusión. Usa tu ilusión. Aprieta los dientes y piensa que esto es transitorio.

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