domingo, 17 de enero de 2016

Nunca saldrás vivo de Harlan

Un repaso a los personajes de la serie Justified (FX, 2010-2015)
Manuel L. Sacristán




Hace un año que terminó la serie Justified. Y el vacío que dejó en los corazones de sus seguidores fanáticos difícilmente podrá ser ocupado por otra serie, en un momento donde vuelven a proliferar los tintes desenfadados y la ciencia ficción post-apocalíptica. En realidad, Justified era una serie para amantes del western que hubiesen gozado con The Shield, es decir, una especie de western policiaco romántico y paleto al mismo tiempo. Adaptada por Graham Yost a partir del personaje Raylan Givens, un Alguacil de Estados Unidos (US Marshall en la terminología oficial estadounidense, “agente judicial Raylan Givens” en la traducción de la serie) protagonista de las novelas de Elmore Leonard “Pronto” y “Riding the Rap”, la serie se basa fundamentalmente en el cuento “Fire in the Hole” y en la novela “Raylan”, publicada en España por Alianza Editorial.

La serie está ambientada en el condado de Harlan y la ciudad de Lexington, ambos pertenecientes al estado de Kentucky. La región montañosa situada al este del estado es el escenario de las andanzas de Raylan Givens, interpretado por Timothy Olyphant en lo que sin duda ha sido el papel de su carrera hasta el momento: un agente federal de gatillo fácil, duro, calmado, de voz suave y planta de vaquero de los de antes.

Justified se estrenó el 16 de marzo de 2010, en FX. Casi de inmediato, la serie recibió aclamación universal, y no fue porque los primeros capítulos fuesen arrebatadores en un primer acercamiento. A menudo, se trataba de episodios autoconclusivos en los que Raylan debía encontrar, escoltar o abatir a algún fugitivo de la justicia. El episodio piloto dejaba cierto aroma de grandeza, y pistas que conducían a un seguimiento probablemente compulsivo. No sería hasta la recta final de la primera temporada, sin embargo, cuando se materializarían los más perversos deseos de (casi) todo ávido consumidor de series; ese momento en el que sientes que no puedes acostarte sin ver “otro capítulo más”, y así hasta devorarla entera. Cuando los personajes se convierten en fieles aliados y la trama se instala en tu cabeza como una placa de metal, la banda sonora resuena durante el día y al llegar el atardecer lo único que deseas es plantarte frente al televisor para devorar tu ración diaria de “entretenimiento”.

Pero siempre hay más. En esta serie, el aroma de la perdición y el encanto lo ponen los personajes, así como una serie de guiones descomunales, sobre lealtades, amistades forjadas en la infancia, jerarquías, raza, sexo y violencia en ocasiones descarnada. La serie no se sale de su patrón en ningún momento; lo único que hace es mejorar con la edad. La segunda temporada es un ejercicio cinematográfico de altura, hasta llegar a su minuto final. Ahí sobresale una curiosa facultad del viejo vaquero, difícil de desentrañar: cómo ve morir Raylan. No cómo mata; sino cómo contempla a otros morir. Su gesto, entre la sorpresa y el desaliento, refleja una conciencia casi plena del acto, una simbiosis con el muerto, transformada en pura solidaridad, en comprensión, casi hasta en afecto. Esta serie versa sobre la empatía, la desigualdad y la venganza, sin apenas apuntes sobre la moralidad, como las viejas películas del Oeste donde no había indios. En muchos momentos me recuerda a “El pistolero”, aquella película protagonizada por Gregory Peck. La mejor escena de aquel infravalorado film está muy bien homenajeada en “Justified”, en un momento donde tiene lugar un duelo de pistoleros con una mesa de por medio. Como en aquella película de 1950, sólo la pericia y la imaginación son capaces de sacar al protagonista del entuerto.

El condado de Harlan, de apenas 18.000 habitantes, tiene alrededor de un 30% de la población por debajo del umbral de pobreza. Su principal sustento siempre fue la mina, y allí se conocieron los dos protagonistas de Justified. Porque, si algo ayuda a la serie a destacar, es el antagonista de Raylan, Boyd Crowder. Boyd es un delincuente con ínfulas, un paleto con dotes de artificiero, un ferviente seguidor de Nietzsche y del country, y un gran orador. Su mutación de nazi pendenciero a sacerdote en la primera temporada es ligeramente forzada, hasta que acepta su destino, frente al que apenas opone resistencia: como Jax Teller en “Sons of Anarchy”, un delincuente rara vez sale ganador en su lucha frente a su verdadera naturaleza de fuera de la ley. Además, Boyd mantiene con Raylan una complicada relación en la que parecen en ocasiones dos enemigos unidos por el pasado y el cariño.




Boyd es hijo de un delincuente, primo de un delincuente y hermano de un delincuente muerto a manos de Ava, una de las chicas de la serie. Ava es rubia, guapa y tiene una escopeta recortada en casa que te hará probar si cruzas su porche sin su permiso. También es amiga de la infancia y estaba colada por Raylan en la escuela secundaria. Sin embargo, Raylan se casó con Winona, una estenotipista en el juzgado de Harlan que tiene serios problemas para no hacer o decir tonterías. También es guapa, pero no sabe manejar la recortada. Es una chica más fina que Ava, pero Ava es la chica del cuento, de las que les gustan los chicos malos, de las que rozan el cielo sólo con un gesto. Al fumar, al beber o al disparar un arma.

En el juzgado está la sede de los marshals, y ahí están Raylan, recién trasladado de Miami tras un tiroteo en el que, como siempre, le da la oportunidad a su contrincante de escaparse sin tener que recurrir a la violencia. Pero Raylan es más rápido, sobre todo para escaquearse de su nuevo jefe, Art Mullen, un viejo a punto de jubilarse que corre despacio y oye mal, aunque tiene el pico fino. Y Raylan también se escabulle de sus dos compañeros, Tim Gutterson (un ex francotirador de los marines de Estados Unidos) y Rachel Brooks (una chica negra en el blanco estado de Kentucky, cuidado). Como última pieza del puzle de los personajes principales, tenemos a Wyn Duffy, un estirado y temerario delincuente proveniente de Detroit, que vive en una caravana y quiere hacer negocios en Harlan.

Harlan es un condado que se distingue fundamentalmente por tres cosas: el carbón que se esconde bajo sus montañas (principal proveedor de electricidad de Estados Unidos), el cultivo masivo de marihuana, y la canción "You'll Never Leave Harlan Alive", compuesta por Darrell Scott, y versionada en varias ocasiones, en especial por Brad Paisley, Patty Loveless, Dave Alvin y la Ruby Friedman Orchestra. En la canción, básicamente, se describe qué es Harlan y para qué se utiliza, y por qué no puedes salir vivo de Harlan si vas allí por los motivos equivocados. Harlan es Kentucky, y como bien explica la maravillosa Margo Martindale (Mags Bennett) en un curioso momento de la segunda temporada, en esa tierra tienen su forma de comportarse y de hablar, su manera de cortejar y de vestirse y de cantar canciones, tienen el bluegrass y el pollo frito, sus montañas y sus minas, y también tienen armas.






La segunda temporada deja de lado los capítulos autoconclusivos para llevarnos a las montañas del condado, con la familia Bennett como protagonistas. Quitando al sheriff Doyle, que es un

paleto que se debate entre su cargo y los negocios familiares, el resto son para no quitarles ojo: Mags, una mafiosa de las montañas, con un poder limitado y unas maneras que recuerdan al peor Tony Soprano; Coover, un drogadicto de anchas espaldas fan de Accept; y Dickie, el cojo peligroso, sucio y extremadamente mentiroso. Los cuatro forman un monolito difícil de penetrar para Raylan y los implicados en los asuntos del condado, que ya no son los fugitivos ocasionales, sino el tráfico de drogas, los atracos bancarios y el control del poder. Y el poder en Harlan significa violencia. Se enfrentarán los Bennett y los Crowder, donde además del mutante Boyd, tenemos ahora a Ava, al primo Johnny, a un cretino llamado Devil y al violento padre de Raylan, Arlo. Que, como no podía ser de otra manera, está al otro lado de la ley, lejos de su hijo.




Cada personaje secundario de la serie tiene su miga. Esta es, en esencia, una serie de personajes, en el más amplio sentido de la palabra, con sus caracteres, sus gestos, sus malos hábitos, sus tendencias psicopáticas y sus ansias de venganza. Después, en temporadas posteriores, la ración de vecinos impulsivos o controladores nos dejará saciados: Ellstin Limehouse (Mykelti Williamson), un negro comerciante de secretos y banquero campestre; Robert Quarles (Neal McDonough), un pistolero con demasiados fantasmas en el armario; el sheriff Shelby (Jim Beaver), que viaja de policía a sueldo a héroe improbable con final inesperado; Darryl Crowe, Jr. (Michael Rapaport), el paleto más macarra de la serie, y finalmente Avery Markham (Sam Elliott) y Katherine Hale (Mary Steenburgen), dos viejos con pasado, presente y, como todos, sin futuro.

El futuro en Harlan no existe; sólo existe el ahora, el fuego, el dinero y el control. Raylan se desliza sobre todo ello, con su sombrero de vaquero bien calado, pero sin apretar. En Justified todos beben, y beben bien, igual que en Los Soprano comían y daba gusto verles comer. En Justified puedes paladear el sabor del bourbon que degluten como pasaba en las películas del Oeste. Siempre me gustaron especialmente “Solo ante el peligro”, “La diligencia” y “El hombre que mató a Liberty Valance”. Supongo que ahí está el vértice de mi devoción por “Justified”, en vaqueros callados y solitarios, matones bocazas, bebedores empedernidos y chicas frágiles con adicción por los problemas. Y ahí, como Gary Cooper o John Wayne, camina Raylan, que cree en tan pocas cosas que apenas cree en su padre, ni tiene amigos, ni mujer. Tiene atractivo, el donaire de los antiguos cowboys, y la pólvora por fiel aliada. Su historia le conduce al exceso, en ocasiones pisando la genialidad, y en otras el surrealismo. Sin duda, es mejor persona que policía. Es un chulo honesto, un amigo paternal, y un agente sarcástico y eficaz. Capaz de disparar a su padre o a su mejor amigo, con quienes tiene una relación surrealista, y de jugarse la vida por una chica de 14 años a la que apenas conoce.

El personaje de Boyd Crowder (inmejorablemente interpretado por Walton Goggins, Shane Vendrell en The Shield), la némesis de Raylan, proporciona el perfecto contrapunto a este y el balance que la serie precisa para transcurrir por seis temporadas que, sin darte cuenta, se te hacen cortas. Si logras cruzar el puente que supone la parte central de la primera temporada, claro. La complejidad y el desarrollo de la serie están en realidad en su segunda temporada. La mitología familiar y la lucha entre los clanes (los Givens, los Crowder y los Bennet) tienen aroma de drama clásico, de los de toda la vida.

Justified es una serie realista, en las que los personajes deben tomar decisiones difíciles, acatando las consecuencias, enfrentándose al dolor, sin echarse atrás ni menospreciarlo, pero sin exagerar. En este sentido, el western policiaco es el elemento perfecto para un cóctel explosivo de personajes endurecidos, desesperados en su mayoría, con una ambigüedad moral evidente, en la que hay lugar para la acción, el drama reconfortante, los anhelos de una vida distinta y bastante carga de humor negro. A su favor, algunos de los guiones supervisados por Elmore Leonard gozan de diálogos maravillosos, presididos por un sutil humor negro y una considerable agilidad en los intercambios de golpes verbales. Todo ello sumado a un indisimulado tono de nostalgia, además de varios momentos de excelente fotografía (algunos tiroteos son realmente buenos), proporcionan a la serie de un montón de hallazgos narrativos.

Si tienes un rato, sube por la colina de la primera temporada. Es algo escarpada, pero el premio no te decepcionará. Y al final acabarás echándola de menos.

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