martes, 1 de septiembre de 2015

FEAR THE WALKING DEAD. Reflexiones sobre los capítulos 1x01 y 1x02. (Spoiler)




1x01. Pilot.  + 1x02. So Close, yet So Far.



El canal de televisión estadounidense AMC, famoso por haber amparado creaciones televisivas tan exitosas como The Walking Dead y Breaking Bad, va camino de convertirse en experto en spin offs. La práctica consiste en centrarse en un personaje o en varios de una serie para crear otra. De Breaking Bad surgió Better Call Saul, que en realidad es una precuela que recoge las andanzas de Saul Goodman seis años antes de llegar a conocer a Walter White. Hace dos semanas, AMC estrenó un nuevo spin off, esta vez sin personajes repetidos, que explota el universo de The Walking Dead, una de las series de más impacto en lo que va de década. Fear The Walking Dead se centra en los días en los que explota el virus que asola el mundo en The Walking Dead. Si bien, la serie original se centra geográficamente en el estado de Georgia, su spin off está localizado en Los Angeles.

No analizaremos aquí nada sobre Breaking Bad o Better Call Saul pero sí diremos que su propuesta parece mucho más compensada y, entre comillas, necesaria que la de The Walking Dead. Al fin y al cabo, la franquicia televisiva surgida del cómic y creada por Robert Kirkman partía de una premisa relativamente original para tratarse de una nueva vuelta de tuerca al universo de los muertos vivientes. Kirkman ponía el punto de partida y el sentido narrativo de The Walking Dead en el día después de los acontecimientos iniciales. Esto es, si las habituales películas de zombies se ocupaban del estallido y de los últimos días de la civilización, del final, Kirkman quería analizar las posibilidades y la vida a la que se enfrentarían los supervivientes a la epidemia, el inicio.

Ese es el principal acierto de The Walking Dead aún hoy. Explorar sicológica y sociológicamente hacia donde iría la humanidad, viva, en un escenario tan desolador parece todavía un pozo inagotable a tenor de la buena salud que viven los comics. La serie de tv, al menos en sus cinco temporadas, no ha hecho más que mejorar tanto dentro de su historia como producto televisivo.


Familia desestructurada busca normalidad a escasos metros de un zombie en el canal de Los Angeles.


Cuando los productores de la serie anunciaron que querían poner en marcha un spin off que analizase momentos y puntos geográficos diferentes relativos a la epidemia parecía una idea inteligente e interesante. Inteligente porque indudablemente aquello no estaba destinado más que a estirar el exitoso chicle de The Walking Dead. Interesante porque comprobar el desarrollo de la enfermedad y de la sociedad resultante en otros puntos geográficos guardaba cierto interés como idea.

Fear The Walking Dead analiza los días del estallido en las calles de Los Angeles y, tras dos capítulos, no termina de justificar su necesidad narrativa ni como spin off ni como producto televisivo. Si el principal acierto y una de las principales razones de la buena salud de The Walking Dead era que presentaban el día después y el inicio de una nueva era post enfermedad, está por ver cuál es la bondad que presentará Fear The Walking Dead. El spin off se centra en el inicio de todo de una forma no muy diferente a como lo hacía George A. Romero en su clásica saga de The Living Dead. Solo que su ritmo es cansino y, de momento, las historias que nutren al guión parecen sacadas de un telefilme sin demasiado recorrido.

En el escenario más interesante cabría analizar el tratamiento que los medios de comunicación le darían a un fenómeno así o la actuación de los gobiernos y los cuerpos policiales. También el impacto sicológico que supondría en la población. Pero, al menos durante los dos primeros capítulos de la serie, las pocas conclusiones que se pueden sacar es que Los Angeles sería una ciudad imposible para conducir, todavía más, y que Los Angeles y sus habitantes son gentes con hambre de disturbios que aprovechan la más mínima oportunidad para saquear comercios, volcar coches y enfrentarse a la policía.

Como ejemplo y paradigma de la incapacidad de la serie de abordar nuevas temáticas y ser eficiente a la hora de describir la particular hora h del virus, cabe una escena del segundo capítulo. En ella, Madison Clark, su hijo heroinómano (Nick Clark) y el novio de la primera (Travis Manawa), pasan a recoger a su hija (Alicia Clark) de la casa de su novio. El novio, postrado en la cama, lleva varios días solo en casa pese a sus 16-17 años y a soportar 40 de fiebre. Sus padres están en Las Vegas. Cuando Madison Clark entra en la casa, lo primero que advierte a su hija Alicia es que se aleje de su novio porque, ellos han sido testigos, algo está pasando. El momento álgido de la estupidez viene cuando le retiran la camisa del pecho al convaleciente para comprobar que tiene una herida parecida a un mordisco. Bien, como si se hubiesen visto las cinco temporadas de The Walking Dead, los protagonistas de la serie no solo no se inmutan, sino que tampoco piden una explicación ni el mordido cree conveniente darla. Todos siguen adelante como si aquello fuese un moratón tras golpearse en el muslo con el marco de la puerta. Eso sí, todos con cara de afectados y de estar al borde del ataque de ansiedad.


Otra familia desestructurada, con un comodín, corre para escapar de los disturbios.


Lo esperable era un esfuerzo sociológico. Algo en colaboración con expertos en medios de comunicación, sanidad y policía para conocer cuál podía ser el escenario inicial y como podían ser los días en los que la enfermedad sobrepasase a las autoridades. Indudablemente, el drama debería ser una parte del todo. Pero en el caso de Fear The Walking Dead el drama, el dramón de telefilme de sobremesa, es una parte absoluta del producto y pese a que todavía quedan cuatro capítulos de los seis propuestos, va a tener difícil despegarse de una idea tan banal.

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