domingo, 12 de abril de 2015

MI indefinida HISTORIA SOBRE EL ROCK. CAPITULO 4: El camino ha sido repetido.


CAPÍTULO 4

El camino ha sido repetido.


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Si alguien ve algo editable o corregible, que avise, por favor. Eskerrik asko!

Sin comerlo ni beberlo, fuimos los putos amos durante una buena temporada. Ni lo buscamos ni terminamos de encontrarlo pero durante unas dos semanas éramos los tíos a los que había que invitar a cualquier parque, banco o esquina en la que se apostase cualquier grupo de amigos que tuviera un radiocasete. Eran los primeros días de verano del 1992 y las cosas iban más o menos así. Nosotros hacíamos vida normal con nuestra cinta original de Hortzak Estuturik, de Su Ta Gar, encima y todo lo visible que fuese posible. La gente lo veía y pensaba, quiero esa cinta. Pero todavía no estábamos en la fase de préstamo. Era verano, en verano y fuera de la protección de las paredes del Instituto no era tan fácil acceder a material fresco que pudiese ser útil en un trueque. Atrapados en el ecosistema de nuestro pueblo gris el trueque tenía que esperar. Además, acababa de salir, la “compramos” el mismo día en que se puso a la venta. En aquella época quien daba un paso así tenía asegurada la popularidad durante una buena temporada.

Nosotros no éramos unos tíos majos. Ni siquiera agradables. Y tampoco pretendíamos serlo como sí buscábamos ser todo lo contrario de una forma bastante consciente y calculada. Pero allí estábamos. Una noche parábamos en un jardincito de un barrio que no era el nuestro y alguien bajaba un radiocasete para escuchar Hortzak Estuturik a volumen atronador. Otro día era en el parque de la escuela, otro día con unas chicas que querían escuchar “la balada”. Durante un tiempo, siempre hubo un día. Estábamos de vacaciones y las 24 horas del día eran nuestras para malgastarlas a nuestro antojo.

Oficialmente la cinta era de los cuatro. De mis mejores amigos uno, dos y tres, y mía. A mí mejor amigo uno ya lo conocéis del segundo capítulo. Mis mejores amigos dos y tres eran tíos cortados por un patrón bastante similar al nuestro solo que probablemente fuesen más arrogantes y sinvergüenzas que nosotros. Sin embargo, a torpeza y a candidez estábamos todos empatados con varios millones de puntos. De esta manera, que mis mejores amigos dos y tres fuesen unos auténticos cabronazos casi todo el tiempo no los convertía en tíos más eficaces pero sí más peligrosos a la hora de buscarte una pelea.

La cinta era de los cuatro pese a que la inversión fue mía en un 85% y con los meses todo quedó legalmente acordado devolviendo la parte correspondiente a cada inversor. Porque lo que hicimos fue inventar el crowdfunding con unas décadas de antelación.

La semana anterior leí en Bat, Bi, Hiru que Su ta Gar publicaría su segundo disco la siguiente semana. Allí estaba la fecha exacta en la que Hortzak Estuturik estaría en las tiendas y claro, aquel era el día en el que yo me tenía que comprar aquel disco costase lo que costase. Se lo comenté a mis tres mejores amigos y estaban completamente de acuerdo pero nos faltaban dos cosas esenciales. Una el dinero, yo tenía algo más de mil pesetas pero ellos apenas tenían o directamente no tenían un duro. La otra, una tienda de discos porque ir a Bilbao suponía el coste del viaje y con la economía bajo mínimos no resultaría viable. Así que la cosa quedó congelada hasta que una tarde estábamos por el barrio “haciendo el bien” y nos pusimos a hablar con unos tíos algo mayores que nosotros que en los últimos meses habían empezado a llevar atuendos de tribu urbana. Algunos eran medio heavys, otros medio punkis. Todos eran medio algo. Medio del barrio, como nosotros, y medio lo que quisieran parecer y nunca fueron. Y uno de ellos, muy convencido, nos dijo que lo que molaba era Su Ta Gar. Que la heroína estaba haciendo una escabechina seria entre la gente del rock radical vasco y que Su Ta Gar se lo iba a comer todo. Aquello me impactó. No porque supiese qué era el rock radical vasco o porque tuviese una especial sensibilidad con el tema de las drogas en aquel momento. Más bien porque en mi mente aquellas palabras alumbraban un cambio en una escena que apenas conocía pero que tenía muchas ganas de conocer. Y claro, si había un cambio, yo quería ser partícipe porque aunque con ideas peregrinas y vagas, yo quería estar y ser parte activa de todo sin tener ni idea de lo que eso podía conllevar.

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