domingo, 1 de febrero de 2015

MI indefinida HISTORIA SOBRE EL ROCK. CAPITULO 2: Carretera comarcal hacia la tienda de discos


CAPÍTULO 2

Carretera comarcal hacia la tienda de discos







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Mi mejor amigo y yo teníamos que ir al Corte Inglés de Bilbao a comprar la que iba a ser la primera cinta de casete que adquiría bajo la influencia directa del mercado y no bajo la estrecha influencia de otras personas. Posteriormente vinieron otros viajes. Algo así como aquello que cantaba Barricada de “el camino ha sido repetido, con la misma crueldad”. Aunque cambiando crueldad por heroicidad, bisoñez o con ambos conceptos mezclados.

Hay un dato a destacar de aquel viaje a Bilbao en septiembre de 1991 a pocos días de que comenzasen las clases en el instituto: el dinero para la compra de la cinta original del Use Your Illusion II, de Guns N’ Roses, lo puso mi madre. Como ya he apuntado con anterioridad la pobre no sabía donde se estaba metiendo. Ella desconocía el ingente desembolso económico que acarrearía aquella decisión a lo largo de los siguientes años. Aunque es cierto que en cierto modo, aquel derroche en rock fue paliado cuando me convertí en periodista profesional especializado en música rock.

Mi madre me estaba brindando una educación cultural bastante completa en torno a la literatura o el cine para ser una familia obrera en eterna lucha con la hipoteca y las facturas. En casa siempre hubo montañas de libros. Desde clásicos de la literatura española a obras de Mario Puzo o Umberto Eco pasando por una extensa colección de novelas de Harold Robbins. Y casi cuando yo no podía esperarlo, tuvimos un vídeo Beta (luego un VHS) y media docena de películas alquiladas cada fin de semana. Además, mi madre era estricta con los horarios nocturnos si lo que se emitía era “Un, Dos, Tres” o “Tutti Frutti” pero nunca le pincharon las agujas del reloj si lo que yo estaba viendo era un ciclo de Montgomery Clift, Marlon Brando o Martin Scorsese. No sé si ella actuaba de una forma consciente pero ver “La ley del deseo” o “Toro Salvaje” entre semana y “La historia interminable” o “El retorno de Jedi” compulsivamente el fin de semana ahora me parece una equilibrada vía para que a cualquier niño con inquietudes le guste el cine.

Así que yo, desde mi inocencia egoísta, solo estaba pidiendo algo similar para el rock. Hoy por hoy no puedo evitar torcer el gesto con una mezcla de nostalgia y pena porque sé que ella no podía imaginarse la montaña de discusiones, mentiras y medias verdades que se sucederían a partir de aquel momento cuando una banda internacional pasaba por nuestro país o publicaba un disco que yo quería tener desde el mismo día de su lanzamiento. O los problemas de espacio que se darían en mi habitación cuando las cintas y los compactos alcanzasen cifras ridículamente grandes para un quinceañero. Nunca, por mucho que se lo repita, sabrá lo agradecido que le estoy por ello. En especial, por aquellas 2.000 pesetas que me dio de buenas a primeras y simplemente a cambio de una mala cara. Aquellas 2.000 pesetas cambiaron mi vida y, en cierto modo, me convirtieron en la persona que soy ahora.


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