jueves, 18 de diciembre de 2014

Eskean Kristo "Azote Kaldüz!" (2014)


ARRATIAN ROCKANDROLLA!
 Entzun Spotifyn!!!

Es difícil explicar el placer que produce ver que una banda que ha crecido junto a ti se ha hecho grande por méritos propios. Por primera vez en la historia una banda de Arratia ha superado el control social. Nuestro rock nunca fue tan sinvergüenza.



En ningún manual de escritura recomiendan comenzar así pero bueno.... Tres momentos personales históricos a la hora de enumerar contactos con el rock n' roll canalla y sudoroso euskaldun. 1998. Los noruegos Backyard Babies presentaban "Total 13" en la mítica Jam de Bergara. Había teloneros pero, a priori, importaban bien poco. Se llegó a la sala con tiempo. Salieron los teloneros. Macarras de campeonato en un sentido más glam que peligroso. Sorpresa mayúscula cuando hablaron en euskara. Daba la sensación de que los New York Dolls habían dejado un reguero de hijos en la Gipuzkoa profunda. Eran Hot Dogs! De Urretxu. Fundido al negro, como en las películas.

Años más tarde en Plateruena junto a Pablo Cabeza nos enfrentábamos a un cartel en el que diez bandas iban a tres temas por barba en un concierto solidario con Gure Irratia. Los platos fuertes, hablo un poco de memoria, eran Kuraia y Kashbad. O puede que fuese Sorkun ya sin Kashbad. Ambos nos pasamos los primeros tres o cuatro grupos bostezando. El ambiente era gélido y había poco espacio para la celebración del rock n' roll. De repente se abrieron las puertas del infierno y aparecieron ante nosotros cinco navarros completamente sonados. Un cantante gigantesco tras unas gafas de policía que quería follarse a un bafle. Los guitarras que no paraban de echar fuego por sus mástiles. Sonaban como si la hornada de high energy y punk rock escandinava de la segunda mitad de los noventa se hubiesen emborrachado con Guns N' Roses y Van Halen. Sí. Eran Sexty Sexers. Fundido al negro.

Salimos del fundido al negro en la actualidad. Hace unas semanas en el 15 aniversario de Karabie Gaztetxea en Lemoa, Bizkaia. Varias personas de mi entorno venían repitiéndome que en Arratia, mi comarca, había un grupo que me tenía que gustar. El propio Pablo Cabeza me había dicho días antes que "tienes en tu pueblo a unos pequeños Stones. Muy buenos el otro día en el Antzoki". Sin embargo, la memoria es selectiva y estúpida, nos plantamos en el concierto sin una idea clara de a lo que íbamos. Y, ¡joder! La misma puta sensación de grandeza y plenitud que cuando descubrí en directo a Hot Dogs! o a Sexty Sexers. Más de diez años después, en mi pueblo y con una banda de mi zona. Eran Eskean Kristo. De Areatza, claro.





Egin Kasu!
"Azote Kaldüz!" es el segundo larga duración de Eskean Kristo. En sus surcos se mezclan con éxito sudor, saliva, desparpajo, riffs, rock, roll y energía. Velocidad high energy, mástiles al viento, Rolling Stones, rock
sureño. Una tormenta sónica que se introduce en tu organismo por los oídos pero que pronto alcanza la sangre y, con ella, el corazón, las piernas, los brazos. Su sección rítmica invita a movimiento epiléptico y a la ingesta de alcohol. A ellos les va el bourbon. Mi cuerpo ya solo aguanta cerveza. Pero también va bien.

"Egin Kasu" abre el disco. Disparo a bocajarro sin ningún tipo de vergüenza. Todo en su sitio. Guitarras incendiarias en los primeros compases, garganta rasgada, estribillo coreable puño en alto, punteo vibrante y acertado, ¡cowbell!... Este "Azote Kaldüz!" tiene aliento a rock n' roll abrupto y violento. Sigue "Madarikazioa", una suerte de blues acelerado con punteos infernales que no baja la intensidad. El buen humor y el descaro siguen patentes en un "Mafia Naiz" con mucho grove. "Latigo!", que huele a single que tira de espaldas, cierra el arranque del cedé con la colaboración del gran Niko Etxart. Gran ejercicio de presentación de unas credenciales. Gran trabajo de guitarras, quien lleve su peso vale ese peso en oro. Gran sección rítmica, corrección y calidez. Quizá sea la garganta lo que más se resienta. Cierto que el aire socarrón necesita un enfoque cercano al que le da Pello Artabe pero a veces queda la duda de si no está vagueando en exceso. Para cerrar la "cara a" llega el momento de la power balad por excelencia. "Deabrua" ahonda en la versión más pausada del combo arratiano. Y vuelven a sorprender. Primero por la soltura con la que se mueven y segundo porque su capacidad para colocar todo en su sitio deja de ser una posible anécdota para convertirse en una virtud. La forma en la que entran y salen del punteo que vertebra la composición es ejemplar. En especial el crescendo en el que entra de nuevo la voz de Pello, que, de repente, pasa a ser más exigente con su voz. Una canción para soñar que recuerda a aquellas tardes de la adolescencia en los que la radio era tu única aliada y esperabas con ansia a que llegase una canción concreta.




La cara b se abre de nuevo con ironía gamberra, entre Lynyrd Skynyrd y Van Halen. "Sardina bat" relata la historia de una sardina de Santurtzi que no se sabe como acaba en Arratia. "Asala en el fuego, tírale sal", dicen los coros. La sardina no es otra que el lead guitar Igor Delgado, un santurtziarra entre arratianos. "Negar" es un pildorazo de hard rock donde lo mismo aparecen The Who en el inicio que los Guns N' Roses más arrojadizos en el resto de la canción. Recta final del disco con una nueva composición con sabor a single: "Hona Gona Gori" sirve para que Pello vuelva a cantar con elegancia. Quizá no es un tema con demasiado sentido dentro del conjunto pero sigue demostrando que la capacidad compositiva de Eskean Kristo es profunda. "Kptain Putre" devuelve al quinteto a la senda sinvergüenza y rockandrollera. Y "Hamabost Urte Karabie" es el broche final perfecto además de un bonito homenaje al Gaztetxe de Lemoa.

"Azote Kaldüz!" es un buen segundo disco, casi primero si volviésemos al lenguaje de las maquetas, que muestra una banda en forma con amplias capacidades tanto técnicas como compositivas. Con un trabajo de guitarras sobresaliente y una sección rítmica compensada. Un ejercicio notable que invita a disfrutar.

8



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